martes, 15 de marzo de 2011

Las Tierras del Oeste

La West Coast llegó como las grandes ocasiones que se hacen trabajar y querer hasta que, por fín, se presentan. El Neo-zelandés lo sabe, es consciente de que posee frente a su casa unos de esos lugares únicos en el mundo. ¿Únicos? Todos son únicos, sólo hace falta abrir los ojos y saber descubrirlos girando la esquina. Cerca de casa tenemos muchos de esos lugares y… gratis! Seguramente lo que más echo de menos en estas lindes dónde todo tiene un precio y todo, absolutamente todo tiene una finalidad turística. Seguramente es algo redundante desde la primera entrada de Nueva Zelanda pero es algo que no deja de sorprenderte y repetirse día a día. Así que no te queda otro remedio que… aprender a saltar la línea amarilla para disfrutar la naturaleza en estado puro.


Sultans of Swing suena de fondo mientras imágenes de Tarifa se cruzan en mi cabeza con todo lo vivido estos últimos días. Las últimas entradas resultan lejanas y es que el viajar en la autonomía del coche te envuelves en un viaje más rápido, más cómodo, más de hoy en día. Las vivencias se suceden y día a día la West Coast de Nueva Zelanda se convierte en un sueño ya realizado.

Los kilómetros se suceden desde Greymouth y es que no esperábamos tardar tanto en estás travesías. Las carreteras han dejado de ser lo que eran y los traslados se convierten en horas a través de curvas que sortean los fiordos, lagos, prados llenos de ovejas, cascadas… el paraíso? Tal vez, uno más. A la izquierda de la carretera, los Alpes, siempre grandiosos ya sea en Europa o en Oceanía. Dejamos el monte Cook para acceder a él cuando remontemos hacia Christchurch, son sus 3.754 los que marcan el techo de Nueva Zelanda. Sin embargo, la gran cordillera que separa el océano Pacífico del mar de Tasmania está repleta de casi cuatromiles que vistos a nivel de playa les dan un aspecto imponente.

En este contexto hicimos la primera parada en Okarito. Los Docs suelen mandar también las paradas, esos campings de pago a voluntad son un gran invento! En Okarito hicimos un track por la playa que estaba condicionado por la marea. Los últimos cabos tocó correrlos viendo que las olas poco a poco engullían la playa. Era 7 de marzo, en las Antípodas eran las 23.40h de la noche y decidí sentarme en un gran risco a disfrutar de la única mar e imaginarme que estaría pasando en el otro lado del mundo.

Me reuní con Igua en la Three Mile Lagoon a mitad del Track. Una gran laguna con los Alpes de telón de fondo, de postal!

La ruta continua hacia Franz Josef Glacier pasando por el lago Mapourika. Al llegar al pueblo de Josef decidimos acercarnos primero al Fox Glacier. Igua me ha designado como organizador de los recorridos de montaña así que espero que no tenga que venir el helicóptero un día de estos.

Fox Glacier. Aparcamos el kiwimochilero y andamos por diez minutos para contemplar lo que debió de ser un gran glaciar hace años. Hoy, el Fox Glacier se aprecia como una de esas manifestaciones de la naturaleza que acusan un cambio climático sea natural, provocado o modificado… pero ellas son el reflejo de esta variación. Llegamos al final del sendero, quiero decir a la delgada…línea amarilla. Un cordino amarillo y un cartel enorme que indica DANGER y unas 20 razones por las que no debes pasar ese punto si no pagas los 160 $ para una excursión guiada por el glaciar, te recuerdan que estás en Nueva Zelanda. Miras al glaciar que queda como a 500 m., le preguntas a Igua si se anima y… ambos aprendemos a traspasar la delgada línea amarilla. Tras cruzarte y hablar con un par de expediciones que andaban de vuelta llegamos a las paredes laterales del glaciar dónde te detienes a coger la arena negra que no es sino esas rocas desgarradas por la fuerza del hielo. Tocar el frio de antaño, beber de él, sentir la masa de hielo que cae en forma de lengua desde un mar helado son sensaciones únicas que te hacen sentir muy vivo y parte de lo que un día formó la Tierra como la conocemos hoy.

Franz Josef Glacier.

Llegamos a Josef Glacier con ganas de encontrar un nuevo espectáculo. Ambos hemos conocido los glaciares patagónicos. También hemos visto las fotos espectaculares de las postales del Fox y el Josef Glaciers que… hoy ya no corresponden con la realidad. Únicamente Argentina y Nueva Zelanda tienen glaciares que llegan al mar y en zonas que no llegan a los 1000m. de altura. Sin embargo, los glaciares de Nueva Zelanda se ven más mermados, más agónicos que los de Sudamérica. Miro al glaciar como un ser vivo que se retroalimenta, vive un periodo de apogeo y finalmente, muere. Cuando entras en la morrena del Josef Glacier no te quedas impresionado por el glaciar en sí, hoy una lengua que desciende sin tocar las paredes de roca que hace unos años no solo acariciaba, sino que desgarraba y moldeaba a su antojo. La morrena, el inmenso valle, que ha dejado este glaciar es impresionante. Las paredes de granito están perfectamente cortadas y, si te fijas, la roca es testigo de que un día –no hará tanto- el hielo le provocó grietas y líneas horizontales en su camino hacia el retroceso.

Andamos una hora por la morrena hasta llegar a… la delgada línea amarilla. Una vez más te das cuenta de que no te puedes quedar ahí. El sendero continua. La cueva del glaciar está ahí, dejando salir el agua desde sus entrañas. Miras a Igua que te dice que ella esta vez no se apunta y que ´´nos vemos en el coche´’. Continuo subiendo la montaña de piedras acumuladas cuando me cruzo con una expedición de…20??? Nos saludamos y continuo hasta llegar a la frontera con el hielo. Los colores, las formas que adoptan las grietas, la extensión del campo de hielo en la cima, sobrecoge. La cima empieza a despejarse y el cielo es azul. Compartes con el hielo un tiempo que sabes te acompañará mucho más. Estás sólo con el hielo, la roca y las cascadas. Ya no quedan expediciones son las 19h. El silencio es total de no ser por un ave que busca alimento entre el hielo. Hace frio y en los bolsillos llevas, llevas… las llaves del coche! Tras 30 minutos de carrera sprintera que te confirma que viajar es bueno para la forma física te encuentras con Igua plantada en el parking frente a un Kea. El Kea es un pájaro tipo loro con las alas de color naranja, muy bonito y muy agresivo aunque ella no lo sabía en ese momento.

Continuamos hacia el sur. La zona de los Glaciares tocaba a su fín para dar paso a la de los Sounds que el mismo hielo esculpió hace tiempo y que hoy son dulces por los manantiales y ríos que los riegan. Tomaríamos el desvío a Jackson Bay, una “no” colonia de pingüinos –ya que van y vienen a su antojo, con lo cual no vimos ni uno- y que tiene una playa rocosa con una puesta de sol espectacular llena de… sandflies! La isla sur esta infestada de estos insectos y el que venga tiene que traer una bodega añeja de repelente. Por lo visto no sólo muerden sino que impregnan la herida con un anticoagulante para poder alimentarse hasta que siente el Gran Manotazo que te das. Así que aunque nos duchamos literalmente con repelente vas acumulando picotazos desde hace un mes que no desaparecen, naturaleza al 100%!

Wanaka y Queenstown

Queenstown es una nueva capital de actividades al aire libre pero muy cara. Wanaka le está tomando el relevo frente al lago y dónde nada más llegar reservamos plaza para el día siguiente en el skydive o vuelo libre. Pasamos la tarde en Queenstown. Sus jardines frente al lago, el embarcadero, las montañas, las partidas de frisbys-golf o de petanca a dos bandas, los veleros,… son un entorno de cuento. Todo ello lo percibes en la amabilidad de la gente y su manera de mirar y sonreír. Son gente muy tranquila con una calidad de vida que se aprecia vista desde fuera.

En Wanaka dormimos en un hostel dónde, tras no dormir en un colchón, te empiezas a plantear si es que te habrás acostumbrado mucho a tu tienda y al suelo después de un mes sin catar la gomaespuma y los ronquidos ajenos. Amaneció nublado y tras decisión popular decidimos postponer el Gran Salto para un día más propicio. En ese momento, un sonido, una música,… qué es eso??? Un móvil!!! Suena un móvil tras 6 meses!!! La llamada nos alerta del terremoto de Japón y el posible Tsunami! Esto es un no parar! Aquella fue la última entrada fugaz en el blog.

Milford Sound

Llegamos a Te Anau por la tarde. Ya sumidos en la rutina de llegada a un nuevo lugar nos aceramos al i-site para informarnos del tiempo, tracks,… resumen dos días buenos, dos malos. El otoño está llegando por el hemisferio sur y toca cuanto antes subir. Ya estoy replanteando la ruta por Australia pero esa… será otra historia. Pasamos 30’ haciendo el planning para estos días y tomamos el barco hacia las Te Anau GlowWorm Caves, tras pagar los 30 eurazos correspondientes. Que decir? Que valieron la pena. Tras no poder visitar las Waitamo Caves en el norte ambos nos habíamos quedado con ganas de descubrir una cueva con GlowWorms. Las GlowWorms son una especie de luciérnaga que vive en estas cuevas. Llegamos atravesando el lago Te Anau entre islotes y montañas. Nos adentramos en una cueva que llega a medir siete kilómetros bajando de la cima de la montaña. Nos advierten que no hablemos para no causar una estampida de GlowWorms y así lo hicimos a excepción del grito en perfecto español… Son verdes!!! Y, mientras vas reflexionando sobre la capacidad de los neozelandeses por montar Port Aventuras como si fueran pajaritas de papel, te encuentras subido en un bote, se apagan las luces, nadie habla y el bote comienza a avanzar silencioso. Alrededor el cosmos aparece lleno de estrellas, la cueva de las estrellas. Reconoces los relieves, un 3D que no existe en el cielo, y te entretienes a encontrar las constelaciones Orion, la Osa Mayor, la Menor… Miles de luces te rodean en una oscuridad total y el sonido del agua que desciende torrencialmente en el interior de la cueva.

La excursión finalizaba con una charla en que te explicaban el ciclo de vida de las GlowWorms y las podías ver ampliadas en una pantalla. Fue de esos momentos en que piensas que vivir en la ignorancia puede ser gratificante. Por un momento, se esfumó la magia y las luces se apagaron. Finalmente, decidí seguir creyendo en una cueva de estrellas que se entretiene en copiar las constelaciones del cosmos.

Kepler Track

Día de sol antes del diluvio anunciado. Ibamos a intentar encontrar una entrada “gratuita” al Milford Track para no pagar los 110$ del barco + los 20$ por cada día de ruta + …?$ del autobús de vuelta = Mucho dinero por una ruta que aparece en el Señor de los Anillos. Nos decantamos por asegurar el día de sol y dejarnos las fuerzas en un día marathoniano por el Kepler Track. Es una ruta más alpina que sube de los 200 a los 1.700m en un día. El principio de la ruta discurre entre el bosque. Igua y yo nos separamos, cada uno tirando a su ritmo. Cuando llegas a los 1000m. el bosque desaparece. Ante ti, se presenta el lago entre las montañas, los Milford Sounds al fondo, los pastos, el pueblo de Te Anau abajo,… esto ya lo ví, en un sueño.

Encuentras la indicación hacia unas cuevas y la tomas. Me encuentro con unos chicos que conocí en el Arthur Pass. Vas a seguir? Off Course, hoy hay que darlo todo! Givin’all Party! Ha llegado un momento en que las piernas te piden más y más, únicamente los días de lluvia te dejan sentado en el coche o en un bar.

La cueva es de más de 100 metros. Menos mal que trajiste el frontal! No hay nadie. Poco a poco te adentras en las entrañas entre estalactitas. Al llegar a un punto dónde el techo baja decides no arriesgar y disfrutar el momento. Tomas unas fotos jugando con aperturas y tiempos para luego guardarla, apagar el frontal y respirar el frío de la cueva a oscuras. Cuando llega gente te vas, ya has vivido tu momento.

Llegas al macrorefugio, aquí todo es a lo grande! Las vistas son espectaculares. Repones fuerzas comiendo un pollo con patatas, ensalada, tiramisú, todo ello bañado en vino y resumido en un par de barritas de muesly. Toca continuar hacia el Mount Luxmore a casi 1.500m. Al llegar a la cima piensas que las vistas deben de ser increíbles… si Saruman no hubiese mandado la niebla y el viento del mismísimo Galadras! Tocas madera de cima y a bajar… corriendo! A la carrera te cruzas con el Ranger que piensa que estos romanos están locos. Pero son las 18h. y las señales exageradas marcan 5horas de track! Antes de la hora de la cena me encontré con Igua en el parking, nos merecíamos unas buenas pizzas bañadas en Brown Beer.

Las previsiones marcaban lluvia para hoy pero sólo nos falta ver el Arca de Noé cruzar por el horizonte. Una cortina de agua esconde tras un velo las montañas desde esta mañana en Milford Sound. Podremos tomar el ferry para recorrer el Sound? Encontraremos la entrada al Track para hacer un tramo como buenos hobbits (vamos sin pagar merchandasing)?,… son unas preguntas que pasan a segundo plano en cuanto piensas que en Milford no hay pueblo, ni hostels, que la tienda así no se monta y que no sabes dónde vas a dormir hoy. Un soportal de un ranger despistado y el coche son siempre una opción. Es el momento para comer algo y tomar una cerveza a vuestra salud en busca de una solución. Un fuerte abrazo, cuidaros y no olvidéis lanzar un petardo por mí. Disfrutad faller@s.

4 comentarios:

  1. Después de haberte visto por el skype y leer el blog no se que escribir. Ahora si esta descubierta la N.Z. que esperabas. Atento a las novedades... y no te preocupes tiraremos petardos, veremos mascletás y fallas y como no nos comeremos unos buenos buñuelos pensando en ti.Un beso.

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  2. Qué sitios!!!Pobre kiwimochilero, debe de estar desenado que lo dejeis descansar un poco, lo teneis fritito :-))). Bueno, parece que en breve empezammos una nueva etapa en Australia. Aquí nos tienes ya preparados pra lo que venga: andar, nadar, correr..., lo que tú quieras, como siempre te seguimos!!! TKS, un besazo!!!

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  3. Que meravella! Quin viatge per a recordar sempre. Ja no se si et caben més imatges per a guardar en la retina. Gràcies per la forma en que ens les descrius per que les fem nostres. Ja et veig molt posat en NZ, ja estas com s tu t'agrada atravesant eixes linies grogues i fent teus eixos paratges. Ves en compte per que si diu Danger serà per algo, cuidat molt. Ací ja estem preparades i en els monyos de fallera fets per a gaudir "a tope" de les falles. BESOS.

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  4. como siempre escueto en los relatos.Un abrazote y que sigas disfrutando.

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